La Enfermedad de Parkinson (EP) es una enfermedad neurológica crónica y degenerativa del sistema nervioso central, caracterizada por un deterioro progresivo de funciones motoras y que produce signos y síntomas como temblor, lentitud de movimientos (bradiquinesia), rigidez, inestabilidad postural y manifestaciones no motoras, tales como trastornos del sueño, estreñimiento, problemas visuales, respiratorios, urinarios, cognitivos o problemas psicológicos. 

Con una prevalencia del 1% sobre la población mayor de 60 años, la frecuencia de esta enfermedad se incrementa con la edad, afectando al 4% de hombres y 2% de mujeres de 85 años o más. 

Las causa íntima de esta patología aún no se ha dilucidado completamente, pero se sabe que existe una muerte anticipada de las neuronas localizadas en una región específica del encéfalo denominada “sustancia nigra”, lo que conlleva a la disminución de los niveles de un neurotransmisor llamado dopamina, produciendo el cuadro característico de la enfermedad. 

Sin duda alguna, en la actualidad el tratamiento inicial de la EP se basa en medicamentos específicos con el intento de suplir el déficit de dopamina. Lamentablemente, en algunos casos no se consigue un control adecuado de los síntomas a pesar de las diversas combinaciones de los medicamentos actualmente disponibles. En otros casos, la medicación provoca efectos secundarios discapacitantes, como la aparición de movimientos involuntarios severos (disquinesias) o intolerancia. Asimismo, se ha observado que luego cinco o seis años de tratamiento farmacológico, el mismo suele disminuir significativamente su efecicacia y reaparecen los síntomas iniciales de la EP. En los tres escenarios previamente descriptos, la cirugía consistente en el implante de electrodos cerebrales profundos para estimulación crónica es una opción razonable, segura y eficaz. 

Estos electrodos consisten en delgados cables de 1,2 mm de diámetro, con múltiples contactos, que se colocan con maxima precisión en la profundidad del cerebro utilizando equipamiento específico en base a estudios de resonancia magnética.

Estos elecrodos son conectados a una fuente de energía semejante a un marcapaso, alojado habitualmente por debajo de la piel en la región subclavicular, permitiendo la aplicación de corriente eléctrica en los grupos de neuronas seleccionadas de acuerdo a los diversos síntomas que padecen los pacientes.

El mecanismo íntimo por medio del cual la ECP a alta frecuencia logra su cometido es complejo y aún debe ser estudiado en mayor detalle. No obstante, se ha dilucidado que básicamente actúa bloqueando la descarga neuronal anormal reestableciendo el funcionamiento del circuito afectado en la enfermedad de Parkinson.

Lo que no cabe duda es que decenas de miles de pacientes operados con esta tecnología alrededor del mundo han logrado el control los síntomas invalidantes de la enfermedad de Parkinson, mejorando ostensiblemente su calidad de vida!

Fabián Piedimonte

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