Por la Dra. Beatriz Literat (MN 50294), Médica Sexóloga Clínica de Halitus Instituto Médico.

Enamorarse es algo mágico y todos queremos experimentar esa maravillosa sensación que aumenta nuestra autoestima, nos hace pensar que la soledad no existe y hasta nos induce a ver al mundo mejor de lo que realmente es.

Muchas veces hemos explicado los fundamentos químicos de este estado de embriaguez hormonal y hemos mencionado a las sustancias neurotransmisoras, como la dopamina y la oxitocina, y analizamos los intrincados procesos neurohormonales que se producen para que podamos alcanzar esta sensación tan placentera, que involucra la química sexual de las personas.

También muchas veces escribimos acerca de la absoluta necesidad de que, quienes creen estar enamorados, acompañen la sensación o “estado de enamoramiento” con actos concretos, en beneficio de la persona con la cual comparten esa mágica experiencia, ya que, como sabemos, si no damos y recibimos acciones verdaderamente amorosas, el hechizo se desvanece. “Estoy enamorado/a” no perdura si mi pareja no está incluida en las mayúsculas.

Psicológicamente hablando, si solo quiero recibir amor aún soy un infante; tengo que estar maduro/a para poder darlo.

Lamentablemente con demasiada frecuencia aparecen en los medios, historias de situaciones que en su inicio parecían amorosas y que continúan y finalizan de formas extrañas, a veces terribles y contrarias a lo que se espera del amor. Debe ser que eso nunca fue amor.

Para que la reacción química del enamoramiento dure más de los 18 meses calculados por los investigadores y se convierta en amor perdurable, necesitamos ser conscientes de que a “la sensación” debemos sumarle acciones reales, voluntarias y altruistas. Al capital hormonal que la naturaleza nos regala, tenemos que agregarle nuestra función voluntaria cerebro cortical. En otras palabras, poner en juego la conciencia, la madurez y la responsabilidad. No existe amor posible sin ese tipo de entrega mutua, que permite a cada miembro de la pareja sentirse realmente confiado y seguro junto a su ser amado. De hecho, no puede existir una total entrega física sin que esté precedida de la posibilidad de una entrega emocional y espiritual. Por otra parte, la inseguridad y la desconfianza entre los miembros de una pareja, destruyen cualquier posibilidad de continuar enamorados o de alcanzar el amor perdurable.

Tengamos esto en cuenta al relacionarnos con quienes pretendemos generar un vínculo estable o conservarlo. Cuando nos comunicamos a través de las palabras, hablando, pero, sobre todo, escuchando al otro. Cuando intercambiamos miradas o acciones de la vida cotidiana, que deberían ser siempre muy amables, como parte misma de la rutina de la pareja y en especial, cuando nos comunicamos a través de la sexualidad, que es en sí misma una forma muy completa y poderosa de comunicación humana. Y refiero a TODA la sexualidad, no solo a las relaciones sexuales. ¿Qué pasa con las parejas que en un principio mueren por besarse o tan solo rozarse la piel, y con las miradas pueden expresar verdaderos discursos amorosos y, después de un tiempo, han olvidado esa magnífica fuente generadora de endorfinas?

Nuestra sensación de placer tiene que estar en sintonía con la acción responsable de contribuir al placer de nuestra pareja. Nuestra sensación de plenitud tiene que poder ser compartida con similar plenitud experimentada por nuestro ser amado, lo cual significa sentirnos ambos seguros y mutuamente cuidados y protegidos.

Si no nos sentimos motivados para esta clase de relación humana, será que, de verdad, nuestro momento de amar todavía no llegó.

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