Existe coincidencia en los beneficios físicos que produce el deporte: disminución del tejido adiposo, mejoría de la presión arterial, la glucemia y el perfil lipídico (colesterol y triglicéridos), disminución de la incidencia de ciertos cánceres, etcétera. Así como en los riesgos del sedentarismo, tanto es así que es considerado un factor de riesgo mayor para la enfermedad cardiovascular.

Desde la fisiología del ejercicio, cuando se realiza la planificación de un entrenamiento en niños, se deben tener en cuenta las fases sensibles de las capacidades físicas (resistencia, fuerza, velocidad, flexibilidad, coordinación, etcétera).

¿Qué significa fase sensible?

Es un período de la vida donde existe una predisposición muy favorable para el entrenamiento de una capacidad física. Por ejemplo, para el desarrollo de la fuerza se obtienen mejores resultados en la adolescencia por la presencia de testosterona, que favorece el aumento de la masa muscular.

Teniendo en cuenta lo anterior, a grandes rasgos podríamos decir que en preadolescentes se debe poner especial énfasis en la coordinación, la velocidad y la flexibilidad, y en adolescentes, en la resistencia y la fuerza. De no tener en cuenta estas bases fisiológicas, corremos el riesgo de perder oportunidades únicas para el desarrollo del físico o, peor aún, de realizar exigencias que no estén acordes con las posibilidades madurativas de un organismo en crecimiento. Por ejemplo, la Academia Americana de Pediatría desaconseja el levantamiento olímpico, el fisicoculturismo, los levantamientos máximos y las carreras de largas distancias. Por otra parte sería inadecuado exigirle al niño gestos complejos y de elevada exigencia física, poco acordes con su nivel de desarrollo neuromadurativo. Los niños no son adultos en miniatura.

El deporte no genera sólo beneficios físicos, sino también psicológicos y sociales. Sabemos que los niños y adolescentes que practican deporte en forma regular mejoran la confianza en sí mismos, la autoestima y la tolerancia a la frustración (aprender a ganar y perder), e incorporan valores como el esfuerzo, la dedicación y la constancia. En el caso de los deportes de conjunto permiten el aprendizaje de la solidaridad, la camaradería, el respeto. Por todo esto, el deporte es mucho más que la práctica de actividad física. Es un aprendizaje para la vida.

Lo importante en el deporte infantojuvenil es que debe estar planificado y controlado por profesionales especializados en este grupo etario, con los conocimientos fisiológicos y pedagógicos para garantizar la salud bio-psicosocial y el disfrute vinculado a la actividad física.

Santiago Kweitel

Médico pediatra y deportólogo
Director de Deportología Pediátrica

FUENTE: Diario La Nación

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