La glándula tiroidea se encuentra en la parte delantera de la parte baja del cuello y tiene forma de mariposa. Esta glándula es la encargada de fabricar las hormonas tiroideas tiroxina y triyodotironina. Estas hormonas llamadas T3 y T4 controlan la velocidad con que las células queman el combustible que precede de los alimentos para generar energía.

Cuantas más hormonas tiroideas haya en el torrente sanguíneo, más deprisa ocurrirán las reacciones químicas en el cuerpo. Sin embargo cuando hay déficit de ellas se enlentecerán la mayoría de las funciones metabólicas del cuerpo. Estas hormonas aumentan la termogénesis y el consumo de oxígeno y son necesarias para la síntesis de muchas proteínas; de ahí que sean esenciales en los períodos de crecimiento y para la formación del sistema nervioso central del bebé de mujeres embarazadas. También influyen sobre el metabolismo de los hidratos de carbono y de los lípidos. Cada una de nuestras células dependen de estas hormonas para su crecimiento normal y desarrollo, y para regular funciones que variarán notablemente si éstas hormonas aumentan o disminuyen patológicamente.

En la Argentina existen más de dos millones de personas que sufren alguno de los trastornos más habituales de esta glándula y se postula que la mitad de ellos lo desconoce. De aquí surge la importancia hacer hincapié en los síntomas para educar a la población sobre la necesidad de consultar al especialista ante la aparición de alguno de ellos.

Aunque dentro de las enfermedades que puede presentar la glándula tiroides podemos encontrar tanto las alteraciones estructurales como las alteraciones funcionales, hoy nos detendremos principalmente en las segundas ya que las estructurales (bocios, nódulos) suelen llamar la atención de los pacientes y ser fácilmente diagnosticables.

Las alteraciones de funcionamiento más conocidas son el hipotiroidismo y el hipertiroidismo, el prefijo es hipo, significa “menos” y el hiper, “más”, por lo tanto, al ser éstas las principales hormonas en regular el metabolismo, éste estaría enlentecido en el primero y acelerado en el segundo, por esto los síntomas de una u otra patología son claramente identificables.

El hipertiroidismo se caracteriza por un exceso de la función de la glándula tiroidea y aceleración de todas las funciones consultando frecuentemente por ansiedad, irritabilidad, taquicardia, pérdida de peso, ojos saltones, nerviosismo, temblor de manos, caída de cabello, diarrea, sudoración mayor a la normal y calor.

En el hipotiroidismo el paciente hace un uso más lento de su energía, manifestándose con cansancio excesivo, decaimiento, sueño, fatiga, pérdida de memoria, angustia sin causa, sensación constante de frío, constipación, dolor articular o muscular, caída exagerada de cabello, un?as quebradizas, piel seca y descamante, trastornos en la función reproductiva como alteración de las menstruaciones o infertilidad y el síntoma por el que consultan la mayoría de los pacientes es el aumento de peso o mayor dificultad para adelgazar a pesar de la dieta y el ejercicio. Esta es la duda de la mayoría de los pacientes que llegan a un consultorio teniendo problemas de tiroides mal tratados, aún no tratados o no diagnosticados, que han intentado miles de recursos para lograr un peso corporal estable y no lo logran. La respuesta es SÍ, el mal funcionamiento de la glándula tiroidea influye, sin lugar a dudas, en el peso corporal.

La causa más frecuente de hipotiroidismo en casi todo el mundo es el déficit de yodo. Pero, la primera causa en zonas con suficiente yodo como Argentina, es autoinmunitaria, la denominada Tiroiditis de Hashimoto. Esta patología tan prevalente en las mujeres, se caracteriza por la destrucción folicular con la consecuente muerte de las células tiroideas por anticuerpos antitiroideos y se presenta principalmente en aquellos con predisposición familiar -susceptibilidad genética- es decir que, si hay casos en tu familia, no deberías dejar de consultar con un profesional especialista en el tema.

Para ambas patologías, existe tratamiento eficaz que con diagnóstico, tratamiento y controles oportunos los pacientes recuperarían su vida normal. El diagnóstico del hipotiroidismo se realiza con la evaluación del perfil hormonal por análisis de sangre y el examen físico del médico que es fundamental para determinar la necesidad o no de una ecografía tiroidea. El tratamiento se realiza con sustitución de hormona tiroidea que se adecuará según los síntomas y las características de cada paciente. Al inicio del tratamiento, cuando se instaura la hormona tiroidea o al cambiar la dosificación se debe controlar en 6 a 8 semanas. Ante una TSH normal, el control se realiza en 6 meses. Luego los controles se realizarán anualmente.

Es importante destacar que un paciente con patología tiroidea bien tratada debe recuperar su vida y no padecer síntomas de ningún tipo por lo que se aconseja a aquellos que los padecen consultar con el médico especialista en endocrinología.

Por la Dra. Virginia Busnelli, (MN 110351), médica especialista en nutrición y directora del Centro de endocrinología y nutrición CRENYF.

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