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Malos hábitos alimentarios de los Argentinos 2

Los argentinos frecuentemente tenemos malas costumbres para comer, por diferentes razones como dejarse influenciar por las publicidades o por las etiquetas de los productos: al ver la palabra mágica Ligth o diet asociamos estos alimentos con cuerpos esbeltos, sanos y bien alimentados. Perdiendo la noción de las cantidades moderadas.

tvsana agradece a la Lic. Mariana Acebal 

Los argentinos frecuentemente tenemos malas costumbres para comer, por diferentes razones como dejarse influenciar por las publicidades o por las etiquetas de los productos: al ver la palabra mágica Ligth o diet asociamos estos alimentos con cuerpos esbeltos, sanos y bien alimentados. Perdiendo la noción de las cantidades moderadas.

 ¿Cuáles son los malos hábitos alimentarios más frecuentes que vemos en los argentinos?

– Incluir pocas legumbres o consumirlas solamente en invierno.

Por lo general, nuestra población está habituada a consumir legumbres solo en invierno para la elaboración de guisos o cazuelas y muchas veces directamente las evitan. Desde el punto de vista nutricional, son una buena fuente de proteínas, poseen grasas vegetales beneficiosas, fibra, vitaminas, minerales y fitoquímicos.
Otra ventaja muy importante hoy en día, es que son en general económicas y versátiles es decir se las puede preparar de mil maneras diferentes como, por ejemplo, en ensaladas, tortillas u omelettes, soufflés, budines y rellenos de vegetales. Aquí cabe destacar a la soja debido a sus beneficios extra en especial para las mujeres en edad menopáusica. Su contenido en fitoestrógenos (isoflavonas) alivian los síntomas típicos y protegen contra el debilitamiento óseo. Son ideales para mejorar el funcionamiento intestinal y para ayudar a disminuir el nivel de colesterol y azúcar sanguíneo.

– Consumir cereales y derivados refinados en lugar de versiones integrales:

La mayor parte de la gente está acostumbrada a comprar y consumir, por ejemplo, el arroz o pan blancos, en lugar de las versiones integrales, en parte debido al desconocimiento acerca de las ventajas del consumo de estos últimos. Los beneficios consisten en el contenido de fibra y fitoquímicos y en su valor nutricional, con una mínima diferencia en el aporte de calorías. La fibra y los fitoquímicos contribuyen a la prevención de diferentes enfermedades crónicas como ciertos tipos de cáncer, las cardiopatías y la diabetes, entre otras.
El mayor valor nutritivo de las versiones integrales deriva de la conservación de la mayor parte de las vitaminas y los minerales que, en las versiones refinadas, una gran proporción se suele perderse durante el proceso de elaboración.

– El alto consumo de sal:

Este hábito está, lamentablemente, muy arraigado en muchos de nosotros, frecuentemente salamos la comida antes de probarla y el salero no puede faltar en las mesa argentina. Cuando en realidad la única predilección congénita del ser humano es por los dulces y todo lo demás se aprende, la base está en educarse desde la niñez. Es verdad también que el sodio (componente de la sal de mesa) se encuentra en numerosos productos alimenticios debido a que se lo utiliza como conservante pero justamente habría que inclinarse por los alimentos naturales sin procesar, que lo contienen en mínimas cantidades.
Las hortalizas y las frutas, los cereales y legumbres, las frutas secas y semillas son alimentos pobres en sodio mientras que los fiambres, embutidos, enlatados, quesos de pasta dura, productos de copetín y algunos aderezos, entre otros, contienen altas cantidades de sal. El exceso de sal incrementa el riesgo de padecer hipertensión arterial, enfermedad cardíaca y accidente cerebro vascular (ACV). La clave está en la moderación y en utilizar estrategias para reducir su consumo como el uso de especias, hierbas aromáticas, ajo, pimienta, cebolla, vinagre, aceto balsámico y jugo de limón.

– Creer que los productos diet o Light nos permitirán bajar de peso:

Sería muy importante comprender que la única manera de bajar de peso y mantenerse es teniendo una dieta saludable, ordenada y sobre todo moderando las cantidades. Los excesos son los que nos llevan al sobrepeso y a la obesidad. Aquellas personas que deseen incorporar estos productos a su alimentación pueden hacerlo leyendo muy bien las etiquetas para verificar que tipo de modificación sufrió ese alimento y comparar entre diferentes marcas y con el producto común y, además, ser lo más sobrio posible en cuanto al tamaño de la porción, especialmente, en relación a productos específicos como postres y quesos. Finalmente, hay productos como las gaseosas, caldos de verdura y gelatinas que aportan un mínimo de calorías y, en este caso, pueden ser consumidos libremente.

– Consumir cantidades importantes de Hidratos de Carbono simples como azúcar, golosinas y gaseosas:

Existen dos tipos de hidratos de carbono, los simples o azúcares y los complejos o almidones (que si no se refinan contienen fibra). Alrededor de la mitad y un poco más de nuestra alimentación debería estar compuesta por hidratos de carbono y, de este total, sólo un 10%, aprox., por azúcares y dulces. Sin embargo, resulta ser que ocurre lo contrario. Entre los alimentos ricos en hidratos de carbono complejos se encuentran los cereales y derivados, las legumbres, la papa, la batata y el choclo, y algunas frutas frescas, secas y semillas; en cambio, los ricos en hidratos de carbono simples son el azúcar, la miel, la mermelada, las golosinas, y las gaseosas comunes. La diferencia está en que estos últimos aportan calorías sin nutrientes esenciales para el organismo mientras que los primeros, mencionados más arriba, poseen vitaminas, minerales y fibra. Hay alimentos como la leche, el yogur, los quesos blancos untables, algunas hortalizas y frutas frescas que también poseen hidratos de carbono simples pero a diferencia de los mencionados anteriormente, éstos sí deben elegirse ya que además contienen nutrientes importantes para la salud.

– Comer por ansiedad o por aburrimiento:

Tenemos que ordenar nuestra alimentación y esto se basa fundamentalmente en respetar las comidas necesarias y no estar picoteando y comiendo todo el día. Es indispensable poder diferenciar la sensación de hambre de la sensación de ansiedad o aburrimiento. Es habitual escuchar: “cuando estoy aburrido lo primero que hago es abrir la heladera”, les dejamos algunos consejos para evitar comer en estos momentos: tomar 1 vaso grande de agua, realizar actividad física en las horas que tengo libre, salir a caminar con una amiga/o, leer un libro, hacer las tareas de la casa etc.
El punto está en cambiar la actitud, ocupar ese momento crítico con otra actidvidad y no quedarme pensando en la comida y comer lo primero que se me cruza.

– Ingerir poca cantidad de agua:

El agua es un elemento esencial para la vida del hombre. Las funciones que cumple el agua son las siguientes: transportar nutrientes, regular la temperatura corporal, mejorar el rendimiento físico, eliminar sustancias innecesarias para el organismo. Una buena hidratación consiste en incorporar por lo menos 2 litros de agua por día se tenga sed o no. Muchas personas esperan a tener sed para incorporar líquido, esto es un error ya que la sensación de sed es un mecanismo tardío e ineficiente. Cuando sentimos la boca seca es porque el cuerpo, a falta de líquido, a utilizado el agua de algunas glándulas por ejemplo las salivales. Por lo tanto recuerde que el agua es indispensable todos los días. También se puede incorporar líquido como: infusiones, gaseosas sin azúcar, caldos, jugos de frutas, soda.

Licenciada en Nutrición Mariana Acebal miembro del Centro terapéutico – Dr. Máximo Ravena  

Conoce más sobre las malas costumbres de los argentinos, en la nota «Malos hábitos alimentarios de los Argentinos 1″

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CONSEJO DEL DIA - DR. DIEGO MONTES DE OCA

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Dr. Diego Montes de Oca
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