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Medidas de lucha contra la obesidad

En la actualidad, la obesidad se presenta como la patología metabólico-nutricional más frecuente tanto en la edad adulta como en la infancia y adolescencia. En su origen intervienen factores genéticos y medioambientales, tales como la mala alimentación y la falta de actividad física.

Por la Dra. Virginia Busnelli (MN 110351), Médica especialista en Nutrición. Directora Médica de CRENYF

En la actualidad, la obesidad se presenta como la patología metabólico-nutricional más frecuente tanto en la edad adulta como en la infancia y adolescencia. En su origen intervienen factores genéticos y medioambientales, tales como la mala alimentación y la falta de actividad física. Su impacto en la salud de la población genera diversas patologías de curso crónico como la hipertensión arterial, hiperlipidemias, diabetes mellitus, cáncer y otras enfermedades provocando un gasto público elevadísimo.

Si bien su prevalencia mostraba un aumento progresivo desde antes de mediados del siglo XX, a partir de la década de 1980 su escalada se hace más notoria, de tipo epidémico, afectando tanto a países desarrollados como en vías de estarlo. Este fenómeno ha sido denominado como epidemia global de obesidad y, lamentablemente, nuestro país no está exento de esta realidad.

En Argentina, según la última encuesta de factores de riesgo del año 2013, el 57,9 % de la población tiene exceso de peso, el 37,1 % tiene sobrepeso y el 20,8 % tiene obesidad. Esto representa un grave problema para la salud pública y un gran desafío para los profesionales de la salud. De esta manera la obesidad debería constituirse en un tema prioritario en la agenda de los gobiernos no solo por el aumento que esta enfermedad va sufriendo año tras año sino porque es factor de riesgo de muchas otras enfermedades no transmisibles y de curso crónico.

Son múltiples los factores que favorecen el incremento de la obesidad, estos pueden dividirse en sociales: el fácil acceso y a bajo costo de los  alimentos con mayor aporte calórico, ricos en grasas y azúcares; el aumento del precio de frutas y verduras; la disminución del tiempo para comer y el estrés laboral que predispone a resoluciones rápidas y callejeras de comida. Personales: el incremento de las actividades sedentarias como el uso de los celulares, televisión, computación o videojuegos, y a la pérdida del hábito de caminar para trasladarse.

Políticas públicas y obesidad

La preocupación por dicha problemática es evidente no solo en las autoridades y organismos nacionales, sino que también en los de orden internacional. Es importante tener en cuenta algunos factores a la hora de implementar nuevas líneas de acción.

Se sugiere que las políticas sean diseñadas haciendo uso de los estudios e investigaciones científicas de que se disponga, atendiendo a los que se considere los principales factores causantes de la obesidad. Las medidas deben ser de tipo integral, abarcar a todos los sectores de la sociedad y ser construidas con bases multidisciplinarias, de modo que se puedan aprovechar los distintos puntos de vista que aporta la ciencia. De la misma forma, se debe tener en cuenta las posibilidades de los individuos, los factores económicos, los ambientales, las interacciones complejas que puedan existir entre las instituciones formales y las informales.

Sería muy prudente que puedan diseñarse teniendo en cuenta todas las etapas del ciclo vital de los individuos, de modo que se debería partir desde la salud de la mujer embarazada y la nutrición prenatal, abarcando también los resultados del embarazo. Luego continuar con la nutrición del niño en la escuela, del adulto en el lugar de trabajo y otros entornos, sin dejar de tener en cuenta distintos acontecimientos que marcan nuestra alimentación como la menopausia. Asimismo hacer un trabajo diferenciado para el grupo etario de los adultos mayores.

Algunas de las políticas que podrían reunir el apoyo de muchas estructuras para lograr un freno a la expansión de la obesidad en la población podrían ser:

  • Regular las publicidades televisivas de los alimentos de menor calidad nutricional con alto contenido de azúcar, grasa y sal para que su mayor exposición no sea en horarios o canales de estímulo infantil.
  • Realizar políticas públicas para favorecer el consumo de productos saludables. Esto puede lograrse por lapositiva, generando incentivos económicos para que los productos saludables tengan precios accesibles; o por la negativa, es decir, generando impuestos a los alimentos obesogénicos.
  • Promover programas de educación nutricional brindados por médicos especialistas en colegios, propagandas, folletos, carteles que generen un acceso igualitario a toda la población de la información necesaria para aprender a comer.
  • Capacitar y entrenar a los profesionales de la salud en el manejo de la obesidad, por ser un tema con escaso contenido durante la formación médica.
  • Promover e incentivar planes de investigación en temas relacionados con la obesidad, enfocándose más en la conducta alimentaria y no en dietas mágicas ni soluciones temporales.

De a poco vamos tomando real dimensión del problema que significa la obesidad para nuestra sociedad. Los alarmantes números del país en la temática nos dejan sin margen para la especulación, necesitamos políticas y leyes que actúen a largo plazo para generar nuevos hábitos alimentarios.

 

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