Adultos Mayores 32

Alimentación en el adulto mayor

El proceso de envejecimiento es inevitable y natural, existiendo factores genéticos y ambientales que influyen en su desarrollo. No hay una teoría única pero una de ellas es la teoría de los Radicales Libres. El rol de la nutrición es combatirlos por medio de aquellos alimentos que contengan antioxidantes como verduras y frutas.

tvsana agradece a la Lic. Liliana Grimberg

El proceso de envejecimiento es inevitable y natural, existiendo factores genéticos y ambientales que influyen en su desarrollo. No hay una teoría única pero una de ellas es la teoría de los Radicales Libres. El rol de la nutrición es combatirlos por medio de aquellos alimentos que contengan antioxidantes como verduras y frutas.

En la actualidad, es difícil establecer el comienzo de esta etapa de la vida en función exclusiva de la edad, debido a la creciente longevidad que se observa en las sociedades occidentales.

El envejecimiento es una de las etapas en las que la persona se muestra más vulnerable a las deficiencias nutricionales.
La pérdida de apetito, el deterioro de la dentadura, la digestión difícil y los cambios psicológicos conducen a cambios alimentarios. No comen adecuadamente.

La deficiencia de vitaminas en la alimentación se manifiesta a través de diferentes signos físicos generalmente inespecíficos (piel descamada, uñas frágiles, cabello quebradizo, pequeñas heridas en la comisura de la boca…) y psíquicos (irritabilidad, insomnio, falta de concentración y de reflejos, cansancio…). Estos estados carenciales son subsanados con la inclusión de la vitamina deficitaria en la dieta.

En esta etapa desciende la necesidad de energía en un 5% por cada década (debido a que disminuye la energía que consume el organismo en situaciones de reposo para mantener las funciones vitales), por lo que se han de ingerir menos calorías. Disminuye la masa muscular y además, se produce un marcado aumento en la proporción de masa grasa en el cuerpo, con lo que conviene limitar alimentos que la contienen, y se da también una pérdida gradual, pequeña pero constante, de masa ósea.

Adaptando la dieta a esta etapa de la vida se puede mantener un óptimo estado de salud, mejorar la calidad de vida y prevenir el desarrollo de enfermedades, ya que se sabe con certeza que numerosas enfermedades están estrechamente relacionadas con unos incorrectos hábitos de alimentación.

Conviene reducir la grasa de origen animal (lácteos enteros, carnes grasas, fiambres, manteca, embutidos…). La grasa que abunda en estos alimentos es grasa saturada, que tiene la capacidad de aumentar los niveles de colesterol en sangre y de acumularse en las paredes de las arterias y aumentando el riesgo de arteriosclerosis. Como contrapartida, aumentar el consumo de pescado de mar, aceite de oliva, frutos secos y de semillas. Estos alimentos son ricos en grasa polinsaturada reducen los niveles de colesterol sanguíneos. Los frutos secos, y semillas son fuente concentrada de calorías

Las proteínas se encuentran ampliamente distribuidas tanto en alimentos de origen animal (carnes, pescados, leche y huevos), como en alimentos de origen vegetal (legumbres, cereales y frutos secos). Las proteínas animales, resultan más completas que las vegetales.

Los Hidratos de Carbono es la principal fuente de energía
Es importante el consumo de hidratos de carbono complejos como el arroz, las legumbres las pastas y la papa.

Es aconsejable mantener los horarios de comidas. No dejar pasar demasiado tiempo entre ellas.

El desayuno es una de las comidas más importantes del día, debido a que el organismo lleva muchas horas sin recibir ningún alimento. Hay que incluir lácteos descremados, panes integrales con semillas cereales sin azúcar y frutas, limitar el consumo de productos de panadería snacks, gaseosas, … productos que aportan «calorías vacías», es decir, que «llenan» pero que no nutren. . En cuanto a la cena, el tipo y la cantidad de alimentos que se consume depende de la digestión y en la capacidad de conciliar el sueño. Lo más adecuado es no ingerir alimentos o líquidos durante las dos horas precedentes al momento de acostarse, excepto si se trata de un vaso de leche templada o una infusión.

La dieta indicada en caso de dificultad para masticar alimentos se denomina dieta blanda o de fácil masticación. Esta dieta está indicada para personas que tienen alguna dificultad «mecánica» para masticar los alimentos debido la falta de coordinación muscular, a la falta de piezas dentales, prótesis inadecuadas…, un problema muy frecuente entre las personas mayores o quienes sufren enfermedades degenerativas de las funciones vitales, como el Alzheimer.

Nutricionista Dietetica Lic. Liliana Grimberg miembro del Centro terapéutico – Dr. Máximo Ravena  

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