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hipertension y sal
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Hipertensión y sal: dos enemigas íntimas

La hipertensión arterial es un grave problema de salud pública en la Argentina y en el mundo. En nuestro país contamos con datos parciales aportados por diferentes investigaciones que han observado una prevalencia entre un 29 y 39%. Esto equivale a que 1 de cada 3 personas es hipertensa, y se estima que causa 50.000 muertes al año. Según la Encuesta Nacional de Factores de riesgo del año 2013, el 34,1% de la población tiene presión arterial elevada.

Diferentes factores influyen en el desarrollo de esta enfermedad y uno de ellos es el consumo elevado de sodio, un componente de la sal que empleamos en nuestras comidas. Debido a que muchos alimentos, en especial carnes y pescados, han sido conservados en sal, el ser humano se acostumbró a este sabor particular y lo utiliza como un condimento imprescindible, por lo menos para algunas personas, y como aditamento de las diferentes comidas elaboradas.

Tal como lo indica el Consenso Argentino de Hipertensión Arterial del año 2007, el consumo de cloruro de sodio debe ser menor a 5.5 gramos diarios, esto equivale a 2.2 gramos. En consecuencia, es importante saber que 1 gramo de sal contiene 400 mg de sodio.

Entonces, nos preguntamos: ¿qué consecuencias trae su ingesta para la salud? Desde el punto de vista médico, el adicionar sal a los alimentos no es necesario porque el contenido de cloruro de sodio en los diferentes componentes nutricionales es suficiente para cubrir los requerimientos diarios.

Asimismo, no debemos perder de vista que existe un componente de sal oculta en los alimentos. Esto significa que los mismos ya contienen una cantidad importante de cloruro de sodio y que debe ser conocido por las personas hipertensas que requieren realizar dietas con bajo aporte de sal. Los alimentos procesados en forma industrial aportan el 75% del sodio que se ingiere diariamente.

Por esta razón, no dejan de alarmar los crecientes índices relacionados a la ingesta de sodio a través de los alimentos envasados. Para las personas hipertensas no es suficiente con “no adicionar sal a los alimentos”; es fundamental conocer aquellos que aportan mucha sal. Entre los que presentan un aporte de 500-1000 mg por cada 100 gramos se encuentran quesos semiduros, port salud, mozzarella; panes de salvado, integrales o lactales; galletitas; pastas rellenas; conservas enlatadas; morcillas y salchichas, entre otros. Otros aportan más de 1000 mg por cada 100 gramos, y son los quesos duros, fiambres y embutidos (jamón crudo y cocido, salame, paleta); también las aceitunas en salmuera, los aderezos (mayonesa, mostaza, kétchup), los caldos y las sopas concentradas.

Diversas medidas que podemos adoptar diariamente nos permitirán conocer y controlar el aporte de sal de muchos de estos alimentos:

  • Es fundamental leer las etiquetas de los productos que se utilizan, donde se especifica el contenido de sodio y otros componentes como grasas saturadas, carbohidratos, calorías etc.
  • También, limitar la cantidad de sal que se adiciona a las comidas. Esta es una medida útil para disminuir la presión arterial y, a nivel poblacional, ha demostrado ser efectiva.
  • Asimismo, diferentes políticas públicas se han implementado en relación a este tema. Por ejemplo, la Ley 26905, que en nuestro país se reglamentó este año, de promoción de la reducción del consumo de sal en la población. La misma, fomenta la disminución progresiva del contenido de sodio en diferentes productos alimentarios así como la promoción de hábitos saludables para la reducción de su consumo.

Estas medidas en su conjunto han tenido una eficaz respuesta en la reducción de la presión arterial a nivel poblacional y, seguramente, redundarán en la disminución de los problemas cardiovasculares. Diferentes estudios han evidenciado que reducir el consumo de sal y disminuir el peso corporal son medidas muy positivas para bajar la presión arterial y su efectividad es equivalente a la que tiene tomar un fármaco antihipertensivo.

Por la Fundación Cardiológica Argentina, con el asesoramiento del Dr. Ricardo Rey, medico cardiólogo (MN 66021) – Vicepresidente de la Fundación Cardiológica Argentina

 

 

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