Una epidemia que crece

La diabetes es una enfermedad crónica que se caracteriza por presentar niveles aumentados de azúcar en sangre y puede dañar las arterias y en consecuencia algunos órganos como la retina, el sistema nervioso, el riñón y el corazón.

En la actualidad más de 400 millones de personas viven con diabetes.

Es una epidemia mundial que presenta una prolongada etapa inicial asintomática pero con una elevada morbimortalidad. Aproximadamente, en un 75% la causa muerte de un diabético es consecuencia de un problema cardiovascular.

Por lo tanto es muy importante informarse sobre este grave trastorno, aprender a cuidarse y consultar con su médico de cabecera al respecto.

Existen diferentes tipos de diabetes.

• Diabetes tipo I es la que padecen en su mayoría personas menores de 30 años y tiene un componente autoinmune con requerimiento absoluto de insulina.
• Los diabéticos tipo II generalmente son adultos mayores de 40 años con una base genética asociada a la obesidad y el sedentarismo. Se trata habitualmente con medicamentos vía oral y puede también, según el caso, llegar a necesitar insulina.
• La diabetes gestacional es la que se manifiesta durante el embarazo.
• Otro grupo son las hiperglucemias secundarias a medicamentos, infecciones, enfermedades pancreáticas u otros.

Si te diagnosticaron diabetes, para mantenerte saludable y alejar las complicaciones, es importante chequear 3 parámetros:

1. Medir la hemoglobina glicosilada: test de sangre que al médico le proporciona información sobre el nivel de azúcar en tu organismo en los últimos meses.
2. Controlar la presión: porque tener la presión arterial alta aumenta el riesgo de padecer infartos cardíacos, accidentes cerebro vasculares e insuficiencia renal.
3. Controlar el colesterol: porque un valor elevado del mismo es otro factor de riesgo para las enfermedades cardiovasculares.

Para mejorar los niveles de azúcar en sangre, la presión y el colesterol no te olvides de comer de forma saludable con un plan alimentario rico en frutas y verduras limitando el consumo de sal, realizar ejercicio, descansar adecuadamente, no fumar y evitar la ingesta de alcohol.

Desde un primer momento, desde el día número uno, se recomienda visitar a un oftalmólogo porque aunque usted todavía no tenga síntomas se debe evaluar el posible daño que la glucemia elevada ya pudo haber ocasionado al ojo.

Se debe examinar de forma rutinaria y cuidadosamente los pies en búsqueda de lesiones, sin olvidarse de mantener las uñas en buen estado. Es muy importante la elección de un calzado cómodo de capellada alta debido a que el diabético pierde sensibilidad y puede lastimarse sin darse cuenta.

Lorena Cirigliano, médica clínica (MN 133.404).

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Dr. Diego Montes de Oca
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