Las fracturas de cadera en las personas de la tercera edad son consideradas uno de los principales problemas de salud asociados al envejecimiento, ya que una rotura de cadera en un adulto mayor tiene graves consecuencias que van más allá de la lesión, como hospitalizaciones, intervenciones quirúrgicas de riesgo, postoperatorio lento, pérdida de independencia del individuo, e incluso la muerte, entre otras.

El número de fracturas de cadera crece progresivamente debido al aumento de la esperanza de vida de la población, y su prevalencia sube con la edad, por lo que hay más episodios entre las personas que han superado los 80 años. Según datos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad en 2008 tuvieron lugar unos 100 casos por cada 100.000 habitantes, cifra que aumentaba hasta los 2.500 casos por cada 100.000 habitantes en las personas que superaban los 75 años. Actualmente se estima que cada año se producen unas 60.000 fracturas de cadera.

Consecuencias de la fractura de cadera en el adulto mayor

Los datos obtenidos en el Primer Informe del Registro Nacional de Fracturas de Cadera indican que solo el 37% de los mayores que sufren una fractura de cadera vuelve a su casa, mientras que el resto deben trasladarse a unidades de rehabilitación o residencias. Además, no todos consiguen volver a andar, ya que solo el 60% alcanza esta meta usando un andador, y el 20% necesita ayuda durante un largo periodo de tiempo.

Esta situación conlleva una falta de autonomía para el mayor, pérdida de movilidad y de destreza, falta de seguridad y confianza, y una menor capacidad de autocuidado que puede originar la aparición de enfermedades, o complicaciones en las que ya padecía (úlceras de presión, problemas circulatorios y respiratorios, descontrol en el tratamiento…). De hecho, alrededor del 6,7% de los pacientes geriátricos que sufren una rotura de cadera fallecen al mes del accidente.

Debido al gran impacto que este problema provoca en la vida del mayor, es necesario que el tratamiento continúe tras la intervención quirúrgica, y en los últimos años se ha hecho especial hincapié en el trabajo multidisciplinar entre los profesionales de geriatría, enfermería, rehabilitación y asistencia social, lo que ha conseguido reducir la tasa de mortalidad y mejorar el estado de salud del afectado una vez que le dan el alta.

Cómo prevenir la fractura de cadera en las personas mayores

La prevención de las fracturas de cadera en los adultos mayores está determinada por la puesta en marcha de diferentes estrategias que eviten, o al menos reduzcan, las posibilidades de que sufran caídas o golpes accidentales, y que favorezcan un mejor estado de salud del posible accidentado. Para ello deberían combinarse las siguientes medidas:

  • Revisión y seguimiento de la medicación que toma el mayor para evitar en la medida de los posible mareos o desvanecimientos; así como el uso de aquellos que mejoren el estado de sus huesos.
  • La intervención de un terapeuta ocupacional que ayude a adecuar el entorno del mayor para evitar tropiezos, y para enseñarle a realizar ciertas acciones diarias, como el aseo personal o la limpieza del hogar, de una forma segura.
  • Pautar la realización de ejercicio físico para evitar la reducción de la masa ósea, aumentar la fuerza muscular y mejorar la movilidad. Además, el hecho de mantenerse activo aumenta la seguridad y confianza del mayo y le ayuda a adquirir destreza.
  • Evitar el tabaco y el alcohol, tanto para frenar la reducción de la masa ósea, como para prevenir accidentes relacionados con su consumo.
  • Llevar una dieta equilibrada que evite el déficit de minerales y vitaminas. En ciertos casos puede ser necesario la suplementación de calcio, vitamina D, y otros nutrientes.
  • Utilización de protectores de cadera que protejan la zona si se produce un golpe, aunque esto se suele recomendar solo a mayores con un alto riesgo de fractura.
  • Realización de una densitometría para determinar el estado óseo del mayor y así poder establecer las mejores medidas preventivas en su caso.

Tratamiento de la fractura de cadera en personas mayores

Aunque la mayoría de los adultos mayores que sufren una rotura de cadera presentan un alto riesgo quirúrgico derivado de su estado de salud, el 97% de ellos son operados, según se indica en el Primer Informe del Registro Nacional de Fracturas de Cadera. La intervención quirúrgica se intenta realizar antes de que trascurran 24 horas desde el accidente, ya que de esta forma se pueden evitar posibles complicaciones como infecciones o problemas circulatorios.

Por otro lado, elegir la mejor opción para reparar el problema viene determinado por la edad del paciente; así, si este no es mayor de 65 años se puede proceder a la fijación de la zona fracturada con tornillos, pero cuando la persona supera esta edad se suele optar por la colocación de una prótesis.

Con la colocación de una prótesis se pretende devolver al paciente la funcionalidad de la zona sustituyendo el hueso afectado. Hoy en día existen diferentes tipos de prótesis, y la elección de una u otra dependerá de factores como la calidad de los huesos del paciente, la edad de este, o si previamente ha sido sometido a otra cirugía en la zona, entre otros. La tipología de caderas se establece teniendo en cuenta los huesos que se van a sustituir:

  • Total de cadera: son las más utilizadas cuando hay desgaste.
  • Parcial de cadera: es menos agresiva que la total y se suele utilizar cuando hay fractura del fémur.
  • De revisión: son las utilizadas para sustituir una prótesis anterior, y puede ser total o parcial.
  • De resuperficialización o resurfacing: son las más utilizadas entre pacientes jóvenes.
  • Además de colocar la prótesis, se debe llevar a cabo el anclaje de esta al hueso, algo que se realiza mediante estos dos métodos:
  • Fijación cementada: es la más utilizada cuando hay una fractura. Se lleva a cabo colocando cemento óseo alrededor de la prótesis para que la sujete al hueso.
  • Fijación no cementada: es una fijación más natural porque el material utilizado simula la composición del hueso, pero no se suele utilizar en personas con mala calidad ósea, como suelen ser los mayores.

fuente: web consultas

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