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Abuelos y nietos, según pasan los años

De la redacción de tvsana

A cierta edad, la relación entre el nieto y el abuelo se enfría un poco. Sin embargo, cada uno sabe íntimamente que puede contar con el otro para lo que haga falta, siempre. Eso no cambia.  

Para un abuelo, un nieto siempre será nieto. Más allá de la edad de este, o de la etapa por la que atraviese su vida. No obstante, llega un momento en el cual la relación entre ambos se enfría, uno y otro toman un poco de distancia. Es inexorable. Son las reglas de la vida, podría decirse con simpleza. Sin embargo, el enfriamiento y la distancia se refieren exclusivamente al trato cotidiano. En el plano afectivo, nada cambia, los lazos siguen fuertemente unidos. Son, básicamente, los tiempos post adolescencia, cuando los amigos o las amigas y la novia o el novio, toman, naturalmente, el centro de sus vidas. Incluso es la época en que suelen surgir algunas tiranteces entre los hijos y los padres.

Los abuelos, que entienden mejor que nadie, la situación, y conocen perfectamente el proceso de crecimiento de los chicos, de sus nietos, suelen reprocharles en tono de broma: “Ya no me das bolilla, eh.” Y el nieto no tendrá, para este caso, más respuesta que una mueca de circunstancia, aceptando la crítica. Una mueca que lleva implícita un sincero pedido de disculpas, como si dijese o quisiese decir: “Qué se yo qué pasa, es la vida.” Pero íntimamente, el nieto sabe que no hay amigos, ni novia o novio, ni estudios, ni trabajo que pueda opacar la relación, que haga disminuir el amor y el cariño que ambos supieron brindarse.

Los abuelos siempre están. Dónde haga falta, cuándo haga falta, para lo que haga falta. Y pase lo que pase. Para inventar alguna historia que los ayude a dormir, en las primeras noches de adaptación a la cama, en lugar de la cuna. Para asistir al primer acto escolar, al show de fin de año del curso de danza, o al primer partido de rugby, de hockey, de fútbol, o de tenis. Para prestarle los oídos a las experiencias del primer campamento. O  para ver al angelito el día de la primera comunión, o el de la fiesta de 15. Para enseñarle a andar en bici, con la paciencia que a veces no tienen ni Mamá, ni Papá. O para tantas cosas que los abuelos están capacitados para hacer junto a sus nietos, tengan la edad que tengan y atraviesen la etapa de la vida que atraviesen. Nietos y abuelos lo saben.

 

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