El estrés supone cerca de 12,5 millones de días laborales perdidos al año en todo el mundo en bajas médicas. De hecho, tres de cada cinco personas admiten haber sufrido problemas de salud mental debido al trabajo. Con motivo de la llegada de la Semana Mundial de la Salud Mental, la organización sin ánimo de lucro Samaritanos lanzó una campaña llamada “Bienestar en la ciudad” en un esfuerzo por combatir este problema, según informa ‘The Independent’.

Esta es la historia de Paula Bellostas Muguerza, una gerente de una empresa de consultoría para quien las semanas de 80 horas eran la norma. Sin embargo, después de seis meses en esta injusta y difícil situación, viajando de ciudad en ciudad y de país en país, su salud mental se vino abajo y enfermó gravemente. Bellostas quiso compartir su experiencia para denunciar la explotación laboral, así como servir de ejemplo para aquellas personas que están pasando un mal momento. Por ello, concedió una entrevista al diario ‘The Independent’ para conocer de cerca su progresivo deterioro de salud, su vuelta a la recuperación y cómo lidia actualmente con el estrés.

Mi vida laboral era tan estresante que un día por la mañana tuve que ser trasladada de urgencia al hospital por un derrame cerebral.

“Viajaba mucho, por toda Europa y Estados Unidos, a menudo aterrizaba en dos o tres ciudades solo en una semana y luego me iba a Londres a trabajar el fin de semana”, confiesa. “Si estaba en Londres, mi día comenzaba alrededor de las seis de la mañana, a menudo con llamadas mientras estaba en el taxi camino de la oficina”. Muguerza admite estar muy agobiada por las reuniones nada más llegar al trabajo. Por la tarde, se recluía en el gimnasio para librar adrenalina y en una falsa pretensión de quitarse el estrés de encima. “Por la tarde me arrastraba hasta el gimnasio a una dura sesión de HIIT (ejercicios intensos a intervalos). Pensé que me estaba haciendo bien, pero luego me di cuenta que probablemente me estaba sobrecargando de más hormonas y estrés”, reconoce.

Un derrame cerebral por el estrés

“Luego volvía a casa y trabajaba hasta altas horas de la noche, entre las 11 y las 2 de la madrugada, para hacer el trabajo real que no podía hacer durante las reuniones de todos los días“, explica. Su vida era tan agobiante que, un día por la mañana, tuvo que ser trasladada de urgencia al hospital por un derrame cerebral. “Después de ello, tuve que ir a varias entrevistas con muchos neurológos que acabaron por diagnosticarme una variación muy rara y grave de las migrañas llamada migraña hemipléjica que se volvió persistente”, asume. “Llegué a experimentar más de 15 ataques cada mes”.

La consultora sufría un trastorno como resultado de un defecto genético que te hace portador de la enfermedad en cuestión. “Solo surge a partir de varios factores desencadenantes como el desequilibrio hormonal producido por el exceso de cortisol y adrenalina que adquirí corriendo en la cinta debido a todo el estrés que sentía”, analiza. Según ella, todo se debió a su “incapacidad absoluta para negarse a decir que no”. Muchas veces, pretender ser demasiado diligente y aceptar ciertas tareas puede acarrear efectos negativos.

“No quería decepcionar a nadie ni mostrar debilidad, así que seguí adelante a pesar de saber que esto era completamente insostenible”, valora. “Creo que es un comportamiento bastante común en algunos trabajos de servicios profesionales como el mío de consultora puede generar mucha ansiedad y la presión de tener que probarse a uno mismo constantemente”.

Habla con los tuyos

Para Paula Bellostas, las cuatro claves que le ayudaron a revertir su situación fueron el ejercicio, la alimentación, tiempo para recuperarse y la mentalidad. Sobre todo, incide en la mentalidad. A pesar de todo, reconoce que tuvo que “trabajar mucho con neurólogos y otros profesionales médicos”. Además, necesitó recurrir a la ayuda psicológica para poner fin a determinados pensamientos perjudiciales. “Aprendí a la fuerza a establecer límites y a decir ‘no’ sin sentirme culpable. Es importante hablar con la familia, los amigos y el jefe”, asegura. “Al final, me hice mucho daño al esquivar la pregunta ‘¿estás bien?’. Tal vez si no hubiera tenido tanto coraje para hablar ahora mismo estaría en un lugar muy diferente a este”.

Ahora, quiere que la gente sepa que no importa lo difícil que parezca su situación, “siempre hay un camino hacia delante”. Por ello, no te rindas e intenta expresar de alguna forma y, sobre todo reconocer, todo el estrés que sientes, tal y como hizo Paula. “Me siento llena de coraje al ver que las personas se sienten más cómodas al hablar y compartir historias y consejos conmigo, no solo durante iniciativas como la del Día de la Salud Mental, sino también con la organización Samaritanos y cada vez más por las redes sociales. Es increíble el poder que tiene una comunidad en la que se ayudan unos a otros”, concluye.

Fuente: elconfidencial.com

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