El cantante dijo que está en su cabeza y que quiere matarlo. Un psicoanalista ofrece una aproximación a este tipo de cuadros.

A partir de las recientes declaraciones de Robbie Williams sobre su estado de “salud mental” o sus “problemas psicológicos”, según publican los medios, y en relación a lo que dieron en llamar “ansiedad neurótica”, me detendré a esclarecer de qué se trata este malestar que aqueja a tantas personas, y que las lleva a la consulta con un psicoanalista de manera frecuente.

El cantante británico expresó “tengo una enfermedad que quiere matarme y está en mi cabeza, así que tengo que protegerme de eso”.
En esa frase, se debe tener en cuenta el quantum de verdad que su decir manifiesta, y resaltaré tres cuestiones que allí se pueden escuchar y que servirán de orientación para pensar en este tipo de padecimiento:

  • Le supone una enfermedad a su malestar.
  • Guarda relación con la muerte.
  • Y habla de protección: “tengo que protegerme de eso” dijo el artista en la entrevista.

Para introducir, el bien conocido por muchos Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, ya por los años 1894/95 describía de manera clara y ordenada lo que observaba en estas presentaciones, encuadrándolas entonces dentro lo que dio en llamar Neurosis de Angustia. Aclara en esa época que pueden surgir de manera aislada o acompañadas con otro tipo de neurosis. En su descripción de este cuadro clínico, despliega una serie de síntomas que comprenden al cuadro en cuestión: excitabilidad general, espera angustiosa o también llamada ansiedad o tendencia pesimista de ver las cosas, ubicándose así una cantidad de angustia libremente flotante que domina la escena durante la espera. Estas sensaciones pueden irrumpir sorpresivamente provocando un ataque de angustia. La angustia que caracteriza este estado no es asociada por el paciente a ninguna representación, y puede estar asociada en su sensación a la idea de muerte o de la locura, tal cual lo expresa Williams. También puede acompañar al estado angustioso algún tipo de parestesia alterando alguna función física como en el caso del cantante, por ejemplo, cuando se vio obligado a suspender los conciertos de su gira en Moscú y en San Petersburgo luego de sentir en Zurich que su brazo izquierdo se entumecía y que babeaba por un costado de su boca.
Cuando se habla de ataque de pánico, término que utiliza la psiquiatría para nombrar lo que anteriormente se incluía en el marco de los fenómenos o trastornos de ansiedad, se está hablando de neurosis actuales, o de neurosis de angustia. Hablamos de lo mismo. El pánico implica un desborde grosero, bruto, que se produce de manera súbita y atosigante, que toma sin aviso a la persona, alterando el equilibrio psíquico anterior. Irrumpe en la vida de una persona un episodio terrorífico que no se encuentra relacionado en apariencia a ningún hecho exterior, sin causa aparente, insisto, deja a alguien desvalido y al más siniestro desamparo. Como un terror sin motivo que puede llegar hasta la sensación de despersonalización. Así el ambiente, el entorno, se transforma en extraño y amenazante. La memoria y la atención pueden alterarse, la persona no encuentra explicación de lo que le pasa, se trata de episodios de un tiempo determinado de duración y que pueden reiterarse sin previo aviso.

¿Cómo llega un paciente a la consulta?

Una persona puede presentarse a la consulta con el psicoanalista enviado por el médico que lo atendió previamente, o por un servicio de guardia. El motivo de la consulta es que está aquejado por este modo de la angustia: las sensaciones conocidas popularmente en casos de infartos, de ACV, edema de glotis y muchas otras patologías severas -mortales en su mayoría-, traen a alguien a consultarnos y se presenta con su palabra tenue y empobrecida, con mucha información, pero sumergidos en la desesperanza.

Cabe señalar que es de importancia diagnóstica a la hora de recibir un paciente aquejado por este modo de la angustia, que lo que se presenta alterada es la función de un órgano en particular, puede serlo la función respiratoria (ataques análogos al del asma por ejemplo), la función circulatoria, la inervación vasomotora, hasta inclusive la actividad glandular, manifestándose cuadros de disnea, alteración en el ritmo cardíaco, palpitaciones, arritmias, sudoración inespecífica, temblores y convulsiones, diarreas, ataques de vértigo, insomnio, pérdida del apetito, entre otros. Asimismo pueden caracterizar el cuadro síntomas fóbicos relacionados a estos signos que amenazan a nivel de la verdad del sujeto en relación al peligro de vida, la agorafobia (relacionada a un temor intenso a espacios abiertos o públicos.

Muchas veces lo que se escucha es algo en relación a la desesperanza: “Sé que en la tomografía no me va a salir nada”, por ejemplo. Sometiéndose a un sinfín de estudios, la medicina no tiene respuesta para estos malestares que no tienen asidero en lo orgánico (solamente en las funciones) y la persona podría decir que se encuentra tan perdida, tan enloquecida, que preferiría que le digan que tiene algo malo a que nuevamente le digan “está todo bien”. Se trata de presentaciones que no afectan el organismo, como lo puede afectar por ejemplo un fenómeno psicosomático.
Otras técnicas en el terreno de la psicoterapia apuntan exclusivamente a la modificación de la conducta en una persona, ofreciéndole ciertas herramientas que estén al servicio de afrontar los episodios, ataques, temores, terrores, pánico que desbordan el caudal de energía. Mientras que un psicoanálisis se diferencia en algo sustancial y que es la apuesta en su recorrido por la singularidad. La apuesta desde el psicoanálisis sería la de formular para cada caso la propia hipótesis, la singular causa, apelando al inconsciente que aparece en la superficie del decir de cada quien con la participación de la intervención posible del psicoanalista.

Robbie Williams in Concert

Si seguimos con lo puntuado en el ejemplo de Robbie Williams, sin derecho alguno a analizarlo, si él fuera un paciente, en su decir, en la frase recortada se abren varios surcos que no se cierran con el clonazepan seguramente, y estos son: la suposición de una enfermedad, para él lo que tiene es una enfermedad, que lo hace pensar en la muerte, y que le funciona como defensa, y a la vez de ella se tiene que defender. Continuando con la hipótesis -e insisto sólo en el terreno de ejemplificar-, su brazo adormecido, su boca babeante, solo para él podrá tener un sentido, singular, y éste podría ser que estando tan superado y exigido por tantos compromisos y recitales, tuvo que suspender su gira, a causa de sus malestares físicos, que funcionaron como defensa ante la imposibilidad de responder a la demanda que lo desbordó. No puede protegerse de la exigencia, no puede decir no a tanto, y sus dolencias en el cuerpo le ponen un freno, freno que no le funciona a nivel subjetivo. A la vez siente que debe protegerse de ellas, de sus dolencias. Todo esto ligado al temor a la muerte que implica el sinsabor de no saber qué le pasa.

En relación a la medicación para algunos casos por el médico indicada, cuando se torna grave e incompatible con la vida cotidiana, el fármaco en la experiencia suele apaciguar, pero no logra hacer desaparecer estas sensaciones que para el sujeto tienen carácter de verdad.
Para estos casos, puede ser correcto referirse entonces al ataque de angustia, como algo que irrumpe sin poder ser asociado a representaciones reprimidas, como sería el caso del síntoma clásico para el psicoanálisis y que afecta a todas las áreas de una persona, a su calidad de vida. En el síntoma clásico hay un saber en juego, inconsciente, que aparece desfigurado, que se pone al servicio de poder interrogarlo y que guarda relación con la historia de quien viene a hablarnos de sus malestares. En el ataque de angustia, no hay un saber inconsciente a descifrar, se trata de construirlo.

*Agradecemos a Juan Pablo Capdevielle, Psicoanalista, Docente y Supervisor de la Institución Fernando Ulloa y al diario Clarín por esta nota.

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