La inequidad social, el VIH y la fármacoresistencia son los principales factores que perpetúan el problema

La Tuberculosis (TB) ha sido, probablemente, la enfermedad que más daño ha causado a la especie humana a lo largo de toda su historia y continúa representando un problema grave de salud pública en el mundo.

Se trata de una enfermedad infectocontagiosa que se transmite por vía aérea; cada vez que un enfermo tose o estornuda elimina bacterias al aire. Los síntomas (tos, fiebre, sudores nocturnos, pérdida de peso, dolor torácico) pueden ser leves durante muchos meses. Como resultado de ello, en ocasiones los pacientes tardan en buscar atención médica y transmiten la bacteria a otras personas.

Se estima que en el año 2014 9,6 millones de personas enfermaron de TB a nivel mundial y 1,5 millones fallecieron a consecuencia de esta enfermedad. A nivel nacional, más de 10.500 casos fueron notificados al Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud.

En los últimos años, se han logrado enormes avances, por ejemplo, el descubrimiento de la secuencia completa del ADN del bacilo permitió ampliar el campo de las investigaciones en la búsqueda de nuevas técnicas de diagnóstico más rápidas y el reconocimiento de cepas particulares, mejoró los conocimientos sobre su transmisión. En relación al tratamiento, luego de un largo período de inactividad, en los últimos años se trabaja en el desarrollo de nuevos fármacos.

Pero existen múltiples factores que perpetúan el problema, tales como la pobreza e inequidad social, la pandemia de la infección del VIH/SIDA, el incremento de las poblaciones de riesgo, las deficiencias en los programas de control. Uno que adquirió relevancia en los últimos años es la fármacoresistencia, es decir, la resistencia a drogas utilizadas habitualmente para el tratamiento de la tuberculosis.

De los 9 millones de personas que contraen la tuberculosis cada año, una tercera parte no accede a los servicios que necesita. En general, estos pacientes pertenecen a las comunidades más pobres y vulnerables del mundo, como los inmigrantes, mineros, consumidores de drogas y población con VIH/SIDA. Si no se generan programas sociales o estrategias sostenibles que enfrenten los determinantes sociales de salud, como la pobreza y sus consecuencias los esfuerzos serán insuficientes.

La OMS (organización mundial de la salud) pide a los gobiernos, las comunidades, la sociedad civil y el sector privado que actúen «Unidos para poner fin a la tuberculosis» a través de diferentes estrategias, entre las cuales destacan: prevenir la tuberculosis eliminando la pobreza, detectarla y brindarle al paciente un mejor tratamiento, acabar con la estigmatización y discriminación que conlleva la enfermedad.

La tuberculosis es prevenible, tratable y curable. Es prioritario que la atención de calidad sea accesible y con igualdad de oportunidades. La lucha contra la tuberculosis no puede dejar a ningún individuo de lado y es una responsabilidad de todos.

Asesoró la Dra. Marisa Vescovo (MN 77879), Coordinadora de la Sección Tuberculosis de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria.

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