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HPV – El Virus del Papiloma Humano

Los virus del papiloma humano (HPV), o papilomavirus, son un grupo de más de 100 tipos de virus. Se les llama papilomavirus porque algunos tipos pueden causar verrugas o papilomas, los cuales son tumores benignos (no cancerosos). Los papilomavirus que causan las verrugas comunes que crecen en las manos y en los pies son diferentes de los que causan formaciones en la garganta o en el área genital. Algunos tipos de los virus del papiloma humano están relacionados con ciertos tipos de cáncer.

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Los virus del papiloma humano (HPV), o papilomavirus, son un grupo de más de 100 tipos de virus.

Se les llama papilomavirus porque algunos tipos pueden causar verrugas o papilomas, los cuales son tumores benignos (no cancerosos). Los papilomavirus que causan las verrugas comunes que crecen en las manos y en los pies son diferentes de los que causan formaciones en la garganta o en el área genital. Algunos tipos de los virus del papiloma humano están relacionados con ciertos tipos de cáncer.
La mayoría de las infecciones por HPV son asintomáticas y transitorias. Sin embargo se cree que algunas infecciones persisten y puede conducir a lesiones precancerosas, y finalmente, al cáncer cérvicouterino. Más de 80 tipos diferentes de HPV han sido secuenciados y oficialmente clasificados; alrededor de 30 infectan el tracto genital.

El HPV genital es una infección muy común, que se transmite principalmente por contacto sexual.

Algunos tipos de virus del papiloma humano se conocen como virus de “bajo riesgo” porque rara vez se convierten en cáncer. Los HPV que tienen más probabilidades de provocar cáncer se conocen como virus de “alto riesgo”.

Los HPV de alto riesgo son los tipos 16, 18, 31, 33, 35, 39, 45, 51, 52, 56, 58, 59, 68, 69. Éstos causan formaciones que son generalmente planas y casi invisibles, comparadas con las verrugas causadas por los HPV 6 y 11. La clasificación en tipo de bajo y alto riesgo sigue el criterio de prevalencia en lesiones de alto y bajo grado, respectivamente.

Las lesiones de bajo grado con frecuencia no progresan y pueden incluso desaparecer espontáneamente en mujeres jóvenes.

Cuando una mujer es infectada con tipos de HPV de alto riesgo, pueden desarrollar displasia; e incluso cáncer cérvicouterino.

 

HPV y su relación con el cáncer cérvicouterino (CaCu)

La evidencia indica que ciertos tipos del Virus del Papiloma Humano son la principal causa de displasia cervical (así se denomina a las lesiones precancerosas ubicadas en las células del cuello del útero). y cáncer cérvicouterino invasivo.

La relación entre la infección por HPV y cáncer cérvicouterino ha sido estudiada extensamente ya que este tipo de cáncer representa un problema sanitario a nivel mundial. De acuerdo a registros de la Organización Mundial de la Salud al menos el 99 % de los cánceres cérvicouterinos contienen el ADN del Virus del Papiloma Humano (HPV).

 

Formas de contagio

Las infecciones por HPV genital son trasmitidas por contacto sexual directo, genital – genital, manual – genital y oral–genital, también existe teóricamente un riesgo de transmisión indirecta a través de ciertos objetos.

El riesgo potencial de infección por contacto sexual sin penetración es aún indeterminado, pero cabe la posibilidad de asociación entre sexo oral y HPV oral (asociado con cáncer de boca).

 

Población afectada por el virus

Las infecciones por HPV son altamente prevalentes y las actuales evidencias sugieren que al menos el 50 por ciento de las mujeres activas sexualmente han estado infectadas con uno o más tipos.

Cabe destacar que la mayor incidencia de infección por HPV ocurre en adolescentes y mujeres jóvenes.

En los países donde se realizan menos pruebas de detección para cáncer cérvicouterino el pico de incidencia de las lesiones precancerosas podría ser detectado en edades más tardías.

En general los grupos de edad más afectados son mujeres entre 20 y 30 años con lesiones leves, entre 30 y 40 años por displasia severa o carcinoma in situ, y entre 40 y 60 años por cáncer invasivo.

Ciertos factores de riesgo están relacionados a la infección por HPV: bajo nivel socioeconómico y educacional, así como fumar han sido asociados con una mayor incidencia de infección por HPV.

Otros factores relacionados con el comportamiento sexual impactan en la incidencia: temprana iniciación sexual, múltiples parejas y ciertos métodos anticonceptivos como las píldoras orales. No se sabe aún con exactitud si es la anticoncepción hormonal o la ausencia de un método barrera (profiláctico/condón) lo que estaría más fuertemente relacionado.

La mayoría de varones y mujeres no son concientes de que tienen el virus. El condón no ofrece una protección completa para esta enfermedad. El riesgo de contraer el virus aumenta con la cantidad de parejas sexuales, pero como el virus es tan frecuente, tener una sola pareja tampoco asegura la protección total. Es prácticamente imposible determinar dónde o desde cuándo se contrajo el HPV.

Está bien corroborado que las secuelas de infección por HPV pueden llevar años o décadas en desarrollarse, mientras que el período de incubación lleva entre 1 y 20 meses.

 

¿Qué son las verrugas genitales?

 

Algunos virus del papiloma humano pueden causar la aparición de verrugas en los genitales, en el ano o en la zona circundante. Las verrugas genitales (técnicamente conocidas como condilomas acuminados) están relacionadas generalmente con dos tipos de virus del papiloma humano, el número 6 y el número 11.

Las verrugas pueden aparecer varias semanas después del contacto sexual con una persona que tenga la infección del virus del papiloma humano o es posible que se lleven meses o años en aparecer; o incluso, es posible que nunca aparezcan.

Las verrugas son protuberancias blandas y carnosas que varían en su forma y tamaño. Pueden aparecer en o alrededor del pene o el escroto – la bolsa de piel que contiene los testículos. También pueden aparecer en o alrededor de la vagina, el ano, la boca o dentro del cuerpo donde no pueden observarse con facilidad. Las verrugas tienen el color de la piel y forma de coliflor.

Sólo el 5% de las personas afectadas tienen verrugas que pueden notarse a simple vista.

Generalmente son indoloras, pero si la verruga se lastima puede haber dolor o sensibilidad al tacto.

Una persona que tiene estas verrugas en la boca, piel o genitales puede contagiar el HPV.

Cuando hay síntomas clínicos, estos pueden incluir picazón, ardor y blandura en la zona de la verruga, y sangrado o pus anal, uretral o vaginal.

Una de cada tres personas con verrugas genitales descubre que desaparecen solas, generalmente dentro de los dos años. Existen distintos métodos para eliminar las verrugas. Cuando se quieren eliminar las verrugas, no debe hacerlo la persona infectada, hay que recurrir al profesional de salud.

El profesional puede:

  • Congelarlas con nitrógeno líquido.
  • Usar cirugía láser.
  • Destruirlas con un producto químico o medicamento ácido.

El profesional también puede recetar un medicamento para que la persona infectada se lo aplique.

Ninguno de estos tratamientos cura el virus. Incluso cuando las verrugas desaparecen, pueden regresar porque el virus puede estar escondido en la piel cercana con apariencia normal.

 

Vacunación y prevención

La identificación de ciertos tipos de HPV como agentes etiológicos del cáncer cérvicouterino, condujo a la búsqueda de vacunas con efecto preventivo, y su consecuente evaluación en población humana, con excelentes resultados.

A principios del mes de junio del 2006 la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (Food and Drug Administration – FDA) aprobó la primera vacuna en el mundo diseñada para la prevención del cáncer cérvicouterino y vulvar así como de las lesiones pre-cancerosas causadas por los tipos 16 y 18 del HPV, las lesiones pre-cancerosas de bajo grado y las verrugas genitales causadas por los tipos 6, 11, 16 y 18 del Virus del Papiloma Humano (HPV ). La vacuna fue específicamente aprobada para ser utilizada por mujeres de entre 9 y 26 años de edad.

La vacuna debería ser administrada antes del comienzo de la actividad sexual (antes de exponerse al virus) pero de acuerdo a las recomendaciones de la FDA las mujeres sexualmente activas también deberían vacunarse. Ya que aunque las mujeres ya infectadas con algún subtipo de HPV en forma previa a la vacunación no estarán protegidas para esa cepa en particular tras vacunarse, la vacuna tetravalente ayudaría a protegerse de la infección por los otros subtipos incluidos en la vacuna.

Por eso sigue siendo una recomendación central y una de las claves de la prevención, la realización regular de los exámenes de rutina que incluyen la prueba de Papanicolaou, cuya función es detectar cambios precancerosos en el cuello del útero, y cuya detección puede permitir iniciar un tratamiento antes de que el cáncer cérvicouterino se desarrolle.

 

¿Qué es el cáncer cérvicouterino?

El cáncer ocurre cuando las células en alguna parte del cuerpo comienzan a crecer sin control. Las células normales se dividen y crecen de manera ordenada, pero las células cancerígenas continúan creciendo y desplazando a las células normales. Aunque hay muchos tipos de cáncer, todos tienen en común este crecimiento celular descontrolado.

Si las células continúan dividiéndose, cuando no se necesitan células nuevas, se forma una masa de tejido. Esta masa de tejido extra o tumor, puede ser benigna o maligna.

Los tumores benignos no son cancerosos. Generalmente se pueden operar (extirpar) y, en la mayoría de los casos, no vuelven a aparecer. Aunque los tumores benignos no son una amenaza para la vida, es importante que las células de éstos no se diseminen a otras partes del cuerpo. Los pólipos, quistes y verrugas genitales son tipos de tumores benignos del cuello uterino, también denominado cérvix.

En cambio, los tumores malignos sí son cancerosos. Las células cancerosas pueden invadir y dañar tejidos y órganos localizados cerca del tumor; también pueden desprenderse de un tumor maligno y entrar en el torrente sanguíneo o en el sistema linfático, de esa manera, el cáncer cérvicouterino puede diseminarse a otras partes del cuerpo como los pulmones, ganglios linfáticos, recto, vejiga o los huesos de la columna vertebral. Al proceso mediante el cual el cáncer se disemina, se le llama metástasis.

El cáncer cérvicouterino es una enfermedad en la cual se forman células malignas (cancerosas) en los tejidos del cuello uterino.

Este tipo de cáncer comienza en la membrana que recubre el cuello uterino (cérvix), que es la parte inferior de la matriz (útero). El útero tiene dos partes: el cuerpo del útero, localizado en la parte superior, que es donde se desarrollan los bebés; y el cuello uterino, localizado en la parte inferior que conecta el cuerpo del útero con la vagina, llamada también canal del nacimiento.

El cáncer cérvicouterino no se forma repentinamente. En sus inicios, algunas células pasan de ser normales a ser células precancerosas, y luego cancerosas. Este proceso de cambio puede tomar varios años.

Las lesiones precancerosas de bajo grado se llaman displasia leve o neoplasia intraepitelial cervical 1 (CIN 1, por sus siglas en inglés). Son cambios precoces en el tamaño, forma y número de células que forman la superficie del cuello del útero.

Si las células anormales se diseminan con más profundidad dentro del cuello del útero o a otros tejidos u órganos, la enfermedad se denomina entonces cáncer cérvicouterino o cáncer cérvicouterino invasor.

 

Factores que causan cáncer cérvicouterino

La relación entre la infección por HPV y cáncer cérvicouterino ha sido estudiado extensamente ya que este tipo de cáncer representa un problema sanitario a nivel mundial. De acuerdo a registros de la Organización Mundial de la Salud al menos el 99 % de los cánceres cérvicouterinos contienen el ADN del Virus del Papiloma Humano (HPV).

Por otro lado, un estudio publicado en la revista médica Journal of Pathology, que recopila evidencia de más de 22 países, indica que el ADN del HPV se encontró en el 99,7% de los 1000 casos de cáncer cérvicouterino analizados.

La evidencia epidemiológica molecular claramente indica que ciertos tipos del Virus del Papiloma Humano (HPV) son la principal causa de cáncer cérvicouterino invasivo y de displasia cervical.

Se han identificado alrededor de 100 tipos de HPV, alrededor de 40 pueden infectar la mucosa genital por transmisión sexual, y cerca de 16 son altamente carcinogénicos. De acuerdo con estudios epidemiológicos sobre la prevalencia de los tipos de HPV en el cáncer cérvicouterino, el 70% de los casos de este tipo de cáncer están relacionados con el HPV 16 y el HPV 18. Otro 18% está vinculado con los tipos HPV 31, 33, 35, 45, 52 y 58.

Otros posibles factores de riesgo de cáncer cérvicouterino, incluyen los siguientes:

  • Dar a luz a muchos niños.
  • Tener muchas parejas sexuales.
  • Tabaquismo.
  • Uso de anticonceptivos orales (“la píldora”).
  • Tener un sistema inmune debilitado (deprimido).

 

Síntomas y diagnóstico

Los cambios precancerosos del cuello del útero o cérvix generalmente no causan dolor. De hecho, generalmente no causan síntoma alguno y no se detectan al menos que la mujer tenga un examen pélvico y una prueba de papanicolau.

Los síntomas generalmente no aparecen hasta que las células cervicales anormales se vuelven cancerosas e invaden el tejido cercano. Cuando esto sucede, el síntoma más común es un sangrado anormal.

Por otra parte, si se presenta alguna de las siguientes condiciones, la paciente debe reportarlo de inmediato a su médico:

  • Cualquier flujo vaginal que no sea común
  • Manchas de sangre o un ligero sangrado que no corresponda a su período menstrual normal
  • Sangrado vaginal o dolor durante las relaciones sexuales

La aparición de estos síntomas no siempre significa que se tenga cáncer, pues también pueden ser el resultado de otra condición. Sin embargo, se debe consultar a un médico para evaluar lo qué está sucediendo.

La prueba de papanicolaou es un examen citológico cuyo objeto es detectar células cérvicouterinas anormales. El procedimiento consiste en efectuar un raspado de las células del cuello del útero, éstas se envían a un laboratorio de citología donde son evaluadas.

Cuando se detectan lesiones preinvasoras de grado alto (displasias), generalmente se realiza un examen adicional mediante la colposcopia (un examen del cuello del útero con una lente de aumento especial), las biopsias y el tratamiento posterior de las zonas sospechosas.

 

La importancia de la prevención

El cáncer cérvicouterino representa uno de los pocos cánceres comunes en los cuales se ha identificado un agente causal específico. Esto facilita la vigilancia epidemiológica y el desarrollo de alternativas de inmunización para evitar el contagio de HPV, el principal responsable del desarrollo de cáncer cérvicouterino.

El cáncer cérvicouterino es prevenible a través de programas de detección diseñados para diagnosticar y tratar lesiones que podrían progresar hacia un cáncer invasivo.

Los esfuerzos de prevención del cáncer cérvicouterino en todo el mundo se han centrado en el tamizaje (screening) de las mujeres en situación de riesgo de contraer la enfermedad, empleando las pruebas de papanicolau y el tratamiento de las lesiones precancerosas.

Si bien las pruebas de detección reducen el riesgo de cáncer cérvicouterino, esto no previene la infección por HPV y el desarrollo de lesiones precancerosas, las cuales necesitan un cuidadoso seguimiento y frecuentemente una extirpación.

El vínculo entre el HPV y el cáncer cérvicouterino ha conducido a los expertos a sostener que vacunas diseñadas para prevenir la infección con los tipos más comunes de HPV pueden prevenir el cáncer cérvicouterino y otros tipos de cáncer relacionados con el virus.

La oportunidad para ayudar a controlar la incidencia del cáncer cérvicouterino ahora existe a través de una estrategia dual que comprende la prevención primaria y secundaria, específicamente vacunación contra el HPV y pruebas de detección oportunas.

Para poder ayudar a prevenir el cáncer cérvicouterino también hay que ayudar a prevenir el desarrollo de las lesiones precancerosas y la mejor forma de hacerlo es evitando los factores de riesgo:

  • Las jóvenes pueden aplazar el comienzo de las relaciones sexuales hasta cuando sean adultas.
  • Las mujeres de todas las edades pueden mejorar su protección para no contraer una infección por HPV si limitan el número de compañeros. Los condones (preservativos) pueden no proteger al 100% contra el HPV, pero sí ayudan a protegerse de la infección por el VIH.
  • Evitar el tabaquismo.
  • Realizar visitas periódicas al ginecólogo.

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